Declaración política del compañero Panagiotis Argyrou, miembro de la CCF, Grecia

“Tras nuestra acción como CCF habíamos optado por crear una permanente actualidad de guerra, agitando las aguas de la normalidad y promulgando una nueva mentalidad de guerrilla urbana. Una guerrilla que según nosotros debe de extenderse y convertirse en el medio de lucha para cuantas minorías rechazan a lo existente y eligen el camino de la revolución y destrucción violenta de la sociedad, haciendo de la acción revolucionaria una postura vital.”



Panagiotis Argyrou quedó arrestado el 1 de noviembre de 2010 en Atenas junto a Gerasimos Tsakalos durante la acción de envío de paquetes incendiarios. Ambos compañeros asumieron la pertenencia a la Conspiración de Células del Fuego. Panagiotis estaba en busca y captura desde octubre de 2009, acusado de formar parte de la CCF, mientras que también tiene una causa pendiente por la quema de un autobús del transporte publico. Desde el 17 de enero, junto a otras 8 personas, está siendo juzgado en el primer juicio contra la CCF, el del llamado caso Halandri. En protesta contra las condiciones en que se realiza dicho juicio junto a otros 3 acusados abandonó la sala ya a finales de enero y desde entonces no se a presentado. La siguiente declaración se publicó hace una semana. Recordamos que las sentencias seran dictadas el 19 de julio.

Declaración de Panagiotis Argyrou:

El siguiente texto es la declaración política que tuve intención de hacer en el juicio por el caso de la O.R. CCF que empezó el 17 de enero de 2011. Puede ser que, debido al desarrollo de las cosas, había decidido no participar en los procedimientos y así fui juzgado en ausencia, pero a pesar de todo eso estoy publicando dicho texto porque creo que aunque vale la pena que el discurso revolucionario irrumpiese en las salas del juzgado, sin embargo no se limita sólo a esos lugares. Además, mi abstención del juicio no fue una postura pasiva de silencio, sino una forma de intervención política en contra de las medidas que la justicia impone sobre los presos políticos y los que se solidarizan con ellos.

Desde algunos meses me encuentro en la cárcel como un prisionero de guerra revolucionario. Una guerra que está bramando sin parar, una guerra entre las fuerzas revolucionarias y la podrida, criminal y autoritaria sociedad en que vivimos, una guerra que está bramando en cuanto existen y se hacen presentes los revolucionarios llenos de odio contra este mundo, llenos de deseo rabioso por su destrucción y llenos de pasión por la libertad. Una guerra en que yo mismo he elegido tomar parte, en el bando de los rebeldes en contra de todo lo que esclaviza nuestra consciencia y aplasta el fundamento mismo de nuestra existencia como individuos.

La moderna, ya global, construcción autoritaria/capitalista se eleva en las alturas como una realidad absoluta que se supone que tenemos que aceptar. Las todopoderosas democracias capitalistas occidentales se desplazan hacia el Oriente y están legitimizando esas cruzadas modernas como “el combate contra el terrorismo”.

Fortalecen sus imperios condenado millones de personas del llamado Tercer Mundo a vivir en una miseria bárbara. Los que logran fugarse de esas condiciones inmigrando, son amontonados en los guetos y barrios de chabolas de las metrópolis occidentales. Ahí buscan su suerte en unos ámbitos y realidades que muchas veces son hostiles y peligrosos para ellos. Tanto la represión policial y violencia fascista, como también el racismo que sufren y la pobreza en que viven, muchas veces les llevan a la violencia, una violencia dirigida principalmente contra otros oprimidos, sea inmigrantes o no. El acorazamiento de la población autóctona detrás de su bienestar y prosperidad capitalista, está imponiendo la creación de las modernas metrópolis/fortalezas. El complejo militar/policial se está modernizando y evolucionando para ofrecer orden y seguridad, y para afrontar tanto a la violencia que está acaeciendo dentro de la misma clase social, violencia entre los pobres, como la siempre considerable amenaza del enemigo interno.

Al mismo tiempo el capitalismo levanta por todos lados cada tipo de industrias, así llevando a cabo el ataque más brutal que había existido nunca contra la naturaleza, destruyendo palmo por palmo toda la superficie de planeta para beneficio de varias empresas y para satisfacer los instintos consumistas que infundió el estilo de vida moderno en la gente civilizada de los países económicamente desarrollados.

En un tal ámbito la vida obtiene su más vacía dimensión. El banquete de las promesas capitalistas, euforia materialista, felicidad consumista, los modelos y papeles que se nos impone como certezas, el life-style, y la esclavitud asalariada la cual los tecnocrátas “tanques de cerebros” (think-tanks) ennoblecen para que en el alma nos sintamos cumplidos, todo eso son las características de la calidad de una vida como esta.

Aun siendo alumno me puse en contra de esa calidad de vida. Me había activado políticamente en el entorno del movimiento anarquista y luego gradualmente entré en el más amplio ámbito revolucionario. En inicio he tomado parte en las movilizaciones de los alumnos (período 2005-2006) y en los enfrentamientos y disturbios que las enmarcaban. Más tarde, en mi trayectoria personal y mi evolución política, participé en la mayoría de los procesos abiertos del movimiento anarquista, entre ellos asambleas y coordinadoras de acciones de solidaridad con compañeros encarcelados. Las marchas estudiantiles de los años 2006-2007 y los duros enfrentamientos que entonces tuvieron lugar, influyeron de manera catalizadora tanto a mi persona como a muchos otros compañeros con los cuales más tarde he tenido la suerte de compartir muchos momentos del compañerismo genuino.

A lo largo de varios meses disturbios y seguidos ataques contra objetivos estatales y capitalistas crean una permanente tensión y un hervor, una agitación. Las escuelas ocupadas, la gente estando en guardia para afrontar ataques de los fascistas, la espera para la siguiente marcha, los planteamientos sobre cómo afrontar a los policias, todas esas cosas eran, o mejor decir tendían, hacia una fuerte situación insurreccional. Sin embargo, al final todo se acabó casi sin ruido. Los miles de estudiantes se apartaron de las calles, sosegados a que sus diplomas y carreras no corran ningún riesgo, mientras que los perros de partidos políticos y la dura Izquierda burócrata hacían cuentas de la lucha, en las urnas electorales como por regla general.

A raíz de mi experiencia en ese movimiento había percibido que sin la consciencia individual, sin la clara orientación por la libertad y la revolución, las masas presentan unos temporales fuegos artificiales de explosiones sociales, las cuales crean simplemente una nube de polvo que al depositarse provoca más bien confusión y derrotismo que radicalización. Naturalmente hay también aquellas minorías que componen los momentos salvajes de insurrección y los convierten en la llama que calienta el odio por lo existente. Una llama que debemos mantener, para reavivarla en cada momento y en cada oportunidad. A las oportunidades esas sería bueno si las buscaramos, si cazaramos por ellas, y no las esperaramos solamente en las movilizaciones masivas de diferentes sectores sociales o ramas de empleo, a cuales les interesa exclusivamente satisfacer y resolver sólo sus propios problemas, mientras que no les importa nada más de lo que pasa a su alrededor.

Poco a poco, junto con otros compañeros con quienes compartimos las mismas inquietudes, como la primera prioridad nos ponemos el tema de nuestros compañeros anarquistas encarcelados. Los secuestros deberían causar un gasto fijo a la paz social. La acción revolucionaria pondrá claro, lo pondrá con cada medio, que no va a permitir a los secuestros estatales de revolucionarios dentro de las galeras democráticas. Estos fueron nuestros objetivos y el propósito de esta lucha era demostrar que todo lo que sea hostil hacia la revolución se merece ser apuntado y golpeado, como una respuesta inmediata por cada día en que algún es compañero encarcelado, independiente del porqué fue detenido. Entre nuestros objetivos también era la propuesta de, un más amplio y pluralista, pensamiento y acción, el enfoque en la cuestión más generales de las cárceles, y la distinción de las conductas sociales enemigas (apatía, indiferencia, fragmentización difusa).

Pero más que todo el objetivo era entender la acción como una ininterrumpida marcha revolucionaria en contra de lo existente. Una parte inseparable de la guerra revolucionaria. De esta manera la solidaridad va a obtener una importancia vital, se escapará de los cobijes de la denuncia y protesta, y adquirirá características ofensivas, las cuales vamos a promulgar continuadamente con una tensión irreducible. “Porque si estamos olvidando a los prisioneros de guerra revolucionaria, olvidamos a la guerra misma. Por el contrario: tenemos que vengarnos por nuestros hermanos encarcelados y el objetivo final será siempre liberarlos de los manos de torturadores y carceleros.”

Sin embargo, la urgencia por acción directa dentro de marcos políticos organizados y sólidos que me había poseído, el deseo por una presencia permanente y por una fuerte intervención en la realidad social, fueron las cosas que al fin y al cabo hicieron que me organizara en la O.R. CCF. Una organización que, según lo que parecía, fue muy puntiaguda en su abordaje político y de manera dinámica mostraba su presencia tras unas extendidas series de ataques incendiarios. La elección que hizo éste grupo en concreto, la de seguir accionando bajo el mismo nombre y firma, en el periodo en que, como lo pude ver, esto no era una opción habitual de los grupos incendiarios, corroboraba con la percepción que había desarrollado sobre cómo estructuradas y organizadas deberían de ser los comando de acción directa. Pues, en mi opinión un nombre fijo hace una organización y su marco político conocidas para “el público” que sea interesado y, eventualmente, inspirado por su acción y discurso. Además está creando una continuidad histórica que supone coherencia de la organización misma y los sujetos que la componen al paso del tiempo. Crea bagaje de experiencia para evolución del discurso revolucionario que quiere proyectualizar y difunde la percepción de una minoría sólida que permanece presente en los bastiones y trincheras de la guerra revolucionaria.

Tras nuestra acción como CCF habíamos optado por crear una permanente actualidad de guerra, agitando las aguas de la normalidad y promulgando una nueva mentalidad de guerrilla urbana. Una guerrilla que según nosotros debe de extenderse y convertirse en el medio de lucha para cuantas minorías rechazan a lo existente y eligen el camino de la revolución y destrucción violenta de la sociedad, haciendo de la acción revolucionaria una postura vital.

La nueva guerrilla urbana promueve una versión generalizada de acción conspirativa, más allá del fetichismo de los medios y de cualquiera improductiva reproducción de las fijaciones espectaculares sobre la lucha armada. Promueve organización de estructuras conspirativas que de forma continua ataquen las estructuras, mecanismos y al personal humano que está administrando el Sistema. Una polimorfía de acciones ofensivas que incluya tanto los vandalismos e incendios como expropiaciones y robos, tanto sabotajes con bombas como ejecuciones políticas.

La guerrilla urbana no fue derrotada porque ni los años de cautiverio, ni los asesinados de nuestros compañeros por todo el mundo, pueden ser molidos en el molinero del olvido y unas mutiladas lógicas puramente matemáticas que quieren ver derrotadas a ciertas formas de ruptura con lo existente. Ninguna forma de lucha ni ninguna forma de ruptura pueden ser derrotadas, ni históricamente ni materialmente, en cuanto las personas de pensamientos libres y consciencia rebelde sean preparados para pudrirse en una mazmorra tenebrosa o sacrificar hasta su propia vida.

La revolución es guerra y como cada guerra significa la destrucción de personas y cosas. Seguramente habrá perdidas también de nuestros compañeros, por las cuales aumenta nuestro odio y rabia por la destrucción del Poder y su sistema. Tomamos fuerza de las historias que se esconden detrás de la perdida de cada compañero, nos inspiramos de su vida y su obra, y seguimos con irreducible intensidad y de un modo metódico. Por lo tanto nada ha acabado y ninguna lucha fue derrotada. Si las victorias y derrotas fueran medidas según si cumplieron su objetivo final o no, ¿ cuál lucha ha sido victoriosa hasta ahora? ¿Tal vez ninguna? La guerrilla es una opción más de lucha, una expresión más de la guerra revolucionaria. Como CCF definimos la nueva guerrilla urbana como tal no por querer ponerla en marcos históricos, sino porque consideramos que lo que tenemos de proponer es una nueva filosofía, una nueva estructura, una nueva re-definición de los medios. Porque solamente así, siendo en la permanente posición de ataque, podemos respirar dentro de la asfixia organizada en que vivimos en una sociedad que exhala el silencio de muerte y la hediondez de la renuncia, la sumisión y el chivateo. Negándonos a vivir como nos han predestinado, tomamos nuestras vidas en nuestras manos y nos afiliamos a la teoría y praxis revolucionaria. Nuestra propuesta es crear un frente anarquista revolucionario con auto-organizadas y anti-jerárquicas infraestructuras de acción directa, las cuales golpearán y atacarán por sorpresa. En pocas palabras, una guerrilla urbana anarquista. Una guerrilla que no quiere ser vanguardia o dirigir las masas, al pueblo o a la sociedad en alguna correcta dirección revolucionaria. Además, la sociedad en mi opinión es la creación de más amplias y complejas relaciones según las dominantes normas políticas y culturales.

En la democracia y capitalismo estas relaciones son autoritarias, son relaciones de explotación. El imaginario capitalista se instruye y reproduce en la sociedad, constituyendo el puntal institucional y la colona fundamental de la dominación. Por tanto, la sociedad no es una suma total de personas sino el reflejo de cada sistema político en estructuras, valores, modelos y conductas. Como tal tiene que ser destruida por completo a la vista de una perspectiva revolucionaria, destruida hasta el punto que no quede nada que nos la recuerde.

Es fuera de lugar todavía pensar que la mayoría de gente que vive bajo el Poder y la explotación sigue engañada y incapaz de darse cuenta de los crímenes del capitalismo y del Poder.

Las opciones individuales de cada uno determinan lo que somos y qué posición tomamos en este mundo. Como revolucionarios, en general no podemos ignorar a las responsabilidades individuales de todos los que, sea con su silencio y aceptación, sea con su apatía y plena indiferencia, o finalmente sea tras su participación activa como fieles a la ley ciudadanos al servicio del Poder, constituyen una enorme barricada que impide el asalto al cielo. Y aunque esos últimos seguramente se merecen ser apuntados por las fuerzas revolucionarias ahí donde aparezcan, a los restantes corresponde nuestra crítica directa y dura en lo que se refiere a su postura y decisiones que tomen.

Esta crítica no es lo mismo que la ruptura que tenemos con el Dominio. No se trata de una política de distancias iguales. El hecho de condenar unas conductas enemigas pero en general aceptadas no puede considerarse lo mismo que atacar a los mecanismos y personas del sistema. La distancia entre esas dos practicas debería de ser distinguible.

Estoy profundamente convencido que todos nosotros somos el espejismo de nuestras opciones, decisiones y actos. La teoría que dice que el ámbito social es el exclusivo, primario básico eje sobre el cual cada uno de nosotros está formando su personalidad y sus características, según mi opinión constituye una lectura fatalista de la condición humana, un exceso de la lógica. Tales transgresiones llevan a la formulación de arbitrarias “verdades históricas” que se parecen a unas indiscutibles profecías (como esa que dice que “está escrito que la sociedad va a avanzar hasta la revolución y destrucción del Poder”).

Si cada cuestión es personal, la solución de cual nos satisface como individuos, o sea porque juzgamos que es algo en nuestro interés, sea porque corrobora con nuestro código de valores (algo que nos empuja para luchar, hacer sacrificios o hasta ofrecer nuestra propia vida), entonces la revolución anarquista sea por cierto una causa personal de cada uno que se lo propone. (Teniendo en cuenta que cada uno que define a sí mismo como revolucionario no puede tener intereses diferentes o su código de valores contrario a su punto de vista revolucionario).

Por lo tanto la revolución es una lucha existencial. Existencial porque luchamos para determinar a nuestra existencia frente a todo lo que sea enemigo de nuestros objetivos, aspiraciones y de nosotros mismos. Frente a lo que nos oprime, nos domina y ahoga. Existencial porque no se trata de una deber ni obligación sino del sentido mismo de nuestra vida. La negación absoluta de lo existente.

La insurrección individual de cada uno de nosotros no es suficiente para destruir por completo y desmontar a las relaciones sociales en vigencia y la civilización misma del Poder. Necesaria pre-condición es la colaboración de individuos a nivel colectivo. Es decir, conjuntos de las personas conscientes que van a colectivizar sus negaciones y van a conspirar para actuar en contra del sistema.

Los revolucionarios no aspiran solamente a hacer estallar su rabia, sino quieren utilizarla de manera metódica en contra del complejo de la dominación, sin ser ellos la vanguardia, pero también sin tener seguidores. Algo que viene en oposición con la fetichización de lo “somos muchos” y el perseverante apego a la opinión que “multitud es el núcleo de una revolución y la cantidad de la gente (y no su cualidad) es su esencia”.

Muchas veces a fin de concentrar a esa masa que se va a lanzar en el flujo de una historia revolucionaria, se está usurpando, de una manera arbitraria, la posición social de los oprimidos y explotados porque simplemente son muchos. Su condición queda moralizada y la revolución sea proyectada como una necesidad moral y justa. Así la sociedad se vuelve por definición un victimizado conjunto social y el Estado un sacrificador absoluto.

Siendo individualista revolucionario no acepto esas orientaciones bipolares. Para mi la revolución no es una batalla entre lo bien y el mal, sino una lucha llevada por los negadores de la podredumbre autoritaria contra los que la defienden y honran. Percibo como sujeto revolucionario a cada persona consciente que se opone a sus cadenas, ama la libertad y odia a cada bastardo autoritario. A todos ellos dirijo mi llamada para hacernos cómplices en la misma causa del “crimen revolucionario”. Sólo cuando más gente se juntará, cada uno como individuo y completamente consciente, al bando de la revolución y la anarquía, aparezca una fuerza subversiva considerable capaz de hacer la revolución social, es decir una arriesgada trasformación de las relaciones políticas y sociales. En otro caso estallarán insurrecciones que van a seguir a vanguardias revolucionarias, los cuales nunca tocarán siquiera la posibilidad de una trasformación social hacia la dirección anarquista.

Pongo la acción revolucionaria aparte de su aceptación común. No doy ni centavo por la opinión de los súbditos del Poder. El hecho de rebelarse alguna vez les hará bien, si alguna vez lo deciden. Si no se dan cuenta de eso entonces toda su vida se van a arrastrar detrás de sus educados oradores y demagogos, los cuales les lamerán sus egos y así se sentirán soberanos de una vida, su propia vida que pasa delante de ellos sin que hagan cualquier cosa, sin que tomen alguna iniciativa para actuar. Papel nuestro como revolucionarios no es engatusarlos sino frotarles la verdad en su cara sin mucho más. Que decidan por su propia cuenta sobre sus vidas y nosotros mejor que nos iremos por nuestro camino sin esperarles, negándonos de aceptar chantajes y compulsiones de esa sociedad.

El hecho que la gran parte de mis posiciones y percepciones políticas concuerde con la posición y estrategia política de la O.R. CCF fue el factor más importante que me empujó a juntarme a ella, juntarse a un colectivo estructurado de manera anti-jerárquica, sin divisiones y papeles, un colectivo de carácter anarquista. En la organización habíamos promovido nuestra propia iniciativa y auto-educación para determinar acciones y formas de lucha en marcos de continua evolución de pensamiento y praxis revolucionaria. Tubimos muchas discusiones agitadas sobre estos marcos, sobre cómo podemos subir el grado y volvernos siempre más peligrosos para nuestros enemigos.

Estos procesos internos tuvieron como resultado la continua evolución de las acciones de la CCF. Una evolución que de manera seguida propuso nuevos desafíos, tales como el cambio cualitativo de blancos del ataques, la cooperación con otros grupos conspirativos y el desarrollo de los medios técnicos.

La CCF es una organización que, como ya lo había dicho, intentó realmente designar el factible y requerido nivel del desarrollo de conspirativos grupos revolucionarios. La CCF no pasó a la lucha armada de un día al otro. En un modo público y abierto se propuso a y se emprendió a subir el grado y evolucionar en diferentes niveles de la violencia revolucionaria, sin que tuviese una actitud esnob o de desprecio hacia otras formas de acción directa. Se limitó a sí misma dentro de una red guerrillera la cual se puede definir como amplia. Amplia, porque la CCF consideró y sigue considerando todas las expresiones de la Violencia revolucionaria como guerrilla urbana, todo desde reventar escaparates hasta las ejecuciones. El comunicado que sacamos después de los ataques incendiarios realizados al alrededor del 11 de febrero de 2009 y que fueron dedicados al no arrepentido revolucionario y guerrillero urbano Dimitris Koufodinas dice: “La guerrila urbana es punto de vista, es mentalidad, es la acción directa organizada. Su parte forma también la lucha armada, pero lejos de dogmatismos y fetichismos. Además, el hecho cómo revolucionario es otro golpe no queda determinado por el grado de violencia de los medios utilizados: que estos medios sean determinados por la consciencia de las personas que les utilizan y la eficacia de su uso. Si quieres destruir un concesionario de coches de lujo está claro que no vas a disparar sobre los coches, o si quieres expropiar un banco no lo vas a asaltar con molotov”.

En esta evolución la CCF había pasado del uso de artefactos incendiarios a la colocación de explosivos. Después de un ataque con bomba contra la casa de Luka Katseli (que hoy en día llegó a ser ministra) el 23/9/2009 en Kolonaki, los policias entraron en una vivienda en Halandri. No obstante, es importante de examinar los acontecimientos del periodo anterior a el sobre que estamos hablando.

En Diciembre del 2008, se desarrolló en el ámbito revolucionario, una gran dinámica de acción directa.

Decenas de personas, viendo que la revuelta está perdiendo su ímpetu, calman sus espiritus y la gente poco a poco vuelven a sus casas, las perturbadas noches y los días tranquilos del 2009, querían guardar viva y difundir la llama de la revuelta. Un polimorfico discurso subversivo acompaña los ataques de grupos guerrilleros, los cuales, cada uno por sus propias razones y con su propio punto de vista y percepción, llevaban a cabo un nuevo y duro turno de guerrilla urbana: incendios y vandalismos al orden del día, mientras que bombas y acciones armadas, hasta las ejecuciones, iban adornando la agudizada violencia. Se trata de un mosaico, de una gran ala combativa y ofensiva del ámbito revolucionario. Naturalmente, era de esperar que el mecanismo represivo planteará una respuesta por su parte. Una respuesta que va a señalar el inicio de la revancha del Estado y de la policía, el prestigio del cual disminuyó tanto, y que va a subrayar el reconocimiento y el miedo que esos debían de inspirar. Una respuesta que sería en la igual a la agudización de violencia que la había procedido.

El asalto a la casa en Halandri no fue una operación habitual. Mucha gente fue capturada y algunos todavía lo estan, mientras que otros siguieron a los turbios rastros de la clandestinidad. La casa fue presentada por los medios de comunicación de masas y chivatos que están a su servicio, y también por policias de la Sección Antiterrorista, como piso franco de la CCF. Esta casa, en concreto, es la casa de la familia de mi compañero y hermano Haris Hadzimihelakis, en la cual vivió el mismo con su primo, más su tía en el piso de arriba, y en ningún caso se trataba de piso franco. (Algo que saben bien las autoridades persecutorias por las decenas de diferentes huellas dactilares encontradas durante el registro.) Por lo tanto, la casa fue presentada así intencionalmente para culpar a todo un conjunto de personas, de un amplio entorno de amigos y compañeros que nada tienen que ver con O.R. CCF. Amigos, gente conocida, familiares, como también la gente que sí participo (y que lo han declarado en público) en el amplio ámbito anarquista revolucionario, fueron apuntados y encausados en el marco de una campaña generalizada, que tenía como objetivo aterrorizar a cualquiera que pudiera tener relación con mi compañero Hadzimihelakis. La amplitud de las personas que se encontraron en el punto de mira de las autoridades persecutorias refleja la tolerancia cero del Estado frente a cualquier sospecha de la negación dirigida contra el Estado. Algo que quedó demostrado tras el hecho de poner precio a las cabezas de tres anarquistas que huyeron de la ley, buscados por la llamada “banda de los atracadores de negro”. El llamado del Estado, dirigido a los más bajos y asquerosos instintos de sus súbditos, los de delación y chivateo, para arrestar a revolucionarios mostrando continuamente sus fotos, demuestra el pánico que poseyó a los órganos represivos frente al enemigo interno. Pero vendrá el tiempo en que esa basura que se piensa de ser ciudadanos honrados y respetables y que no dudan con colaborar con las autoridades, denunciar y contribuir a su obra (por de dinero, que van a invertir en sus miserables e insignificantes existencias o por cinco minutos de fama que van a satisfacer su presumida vanidad), sentirán en su propio pellejo la recompensa que recibirán por las decisiones que tomaron, lo sentirán de la peor manera posible.

Pues, la operación policial en Halandri tiene atados, en una particular condición de rehenes, bastantes personas, que quedaron detenidas después de cada ataque de la organización la CCF. Se trata de un intento de la policía por conectar más y más personas con el grupo, en un chantaje maquiavelista para que ésta deje de actuar. Yo, como revolucionario y miembro de la CCF tengo una deuda ante los que fueron encausados sin tener ninguna relación, implicación, saber o contacto con la organización, su estructura y sus actividades, de restablecer la verdad, en unos marcos públicos y abiertos. Miembros de la organización son sólo los que asumieron, de manera abierta, publica y orgullosa, la responsabilidad de pertenecer a ella, y eso sin calcular el gasto que pagarán, quedándose largos años en las mazmorras de la democracia. Los restantes infortunadamente se enfrentan a la tolerancia cero exhibida por el mecanismo represivo.

Yo por mi parte, tengo una relacion de amistad, pero sobre todo de compañerismo, con Haris Hadzimihelakis, frecuentemente tuve contacto con él y pasaba por su casa. Sabiendo que mis huellas dactilares en dicha casa eran bastantes y pudiendo ver como a continuación del asalto de los policias a esa casa se abrió el abanico de las persecuciones penales, en ningún caso quise esperar para que vengan por mi. El paso a la clandestinidad era para mi una opción obvia. Así podría asegurarme, no sólo de evitar negociaciones en los juzgados sobre mi libertad , sino además podría seguir mis actividades, las de lucha armada, de guerrilla urbana.
A pesar de que yo mismo había desaparecido desde el 23 de septiembre de 2009, cuando ocurrió el asalto, la orden de busqueda y captura contra mi persona fue emitida tiempo después. Esto muestra la manera y el método en que las autoridades manejaron este caso. Iban sacando nombres y apellidos de algún cajón como si fueran sorteando números, y luego, en un breve trámite, firmaban ordenes de busqueda y captura. Está claro que no voy a sugerir la manera de actuar correctamente. Algo así supondría que esta es unas de las más eficaces persecuciones penales de revolucionarios y de los que luchan. Aparte de eso, la cuestión no es si su trabajo fue más acertado o no. Su trabajo lo hicieron muy bien. Tan bien como en otros casos en que amigos, conocidos, compañeros y familiares de los detenidos fueron encausados por las autoridades a base de las relaciones que tal vez tuvieron con ellos. Esta estrategia tiene como objetivo aislar a los revolucionarios, alejarlos de cualquier relación que mantienen, y de este modo quién se atreve de tener contacto con ellos está también en peligro de ser acusado de terrorista. En el periodo que pasé como profugo de la ley, me di cuenta que, por mas penoso que sea para un revolucionario alejarse de su familia, amigos y compañeros, su proyecto de vida, sin dirección, nombre, ni trabajo fijo es también una ayuda para uno mismo. Uno se vuelve más flexible, más imprevisible y más peligroso, porque se dedica sólo a su objetivo y a la causa revolucionaria, sin preocuparse más de cualquier sanción legal de sus decisiones.

La clandestinidad la viví como una dura prueba de mi aguante psicológico, puesto que continuamente tienes que verte afrontado a tus propios límites y muchas veces debes de sobrepasarlos. Conociendo la sensación de ser cazado, siento la necesidad de mandar mis saludos a todos los compañeros perseguidos, no importa por qué motivo, cada uno ha elegido vivir las trincheras de la clandestinidad, y les deseo una suerte mejor que la mía.

Quiero también decir un par de cosas sobre el hecho de asumir la responsabilidad declarándome miembro orgulloso de O.R. la CCF. Esta postura no se de santo mártir. No estoy flirteando con la idea de quedarme largos años en la cárcel ni tampoco lo deseo. Es resultado de una coherente posición política, postura, percepción de vida y de lucha.

Opino que el acto de asumir la responsabilidad honra y fortalece a la posición, acción y historia de la organización de que soy miembro, pero también de cada organización revolucionaria si sus miembros tienen la misma postura en correspondientes casos. Tras esta estrategia política se está mostrando que los grupos de guerrilla urbana no son fantasmas que aparecen de la nada para luego, tan imperceptibles, desaparecer. Están constituidas por las personas como yo y muchos otros, personas de carne y hueso, personas con nombre y apellido, los cuales cuando llega la hora, sin preocuparle por las consecuencias, no dudan en tomar su responsabilidad. Así derrumbamos las leyendas y la fantasía en que por tiempos están envueltos grupos armados, leyendas basadas en estupideces sobre “los agentes”. Derrumbamos,también a la estúpida y sin fundamento, argumentación utilizada por la Izquierda fiel de que todos los guerrilleros son provocadores. Al mismo tiempo, el hecho de que los revolucionarios guerrilleros urbanos asuman su pertenencia, demuestra que tales opciones de lucha están hechas por la gente que como revolucionarios simplemente no vacilan en arriesgar lo todo por la libertad. Porque lo que está en juego es siempre mucho más grande. Cuando las mascaras del anonimato caen, queda claro que estas opciones pueden ser tomadas por quien se expesa como revolucionario y como negador de lo existente. Todo el resto no es nada más que unas simples (y que actúan con segunda intención) excusas que promueven a la “inercia” revolucionaria.

Por fin, el hecho de asumir la pertenencia deja un bagaje de experiencia y crea puntos de encuentro con los pasados y futuros elementos que forman el movimiento revolucionario. Hay compañeros que, tanto como yo lo he vivido, también quedan inspirados por la intransigente y orgullosa postura de prisioneros de guerra revolucionaria y ambicionan en tomar cada vez más parte en la agudización de esta guerra.

En esta época el sistema capitalista se enfrenta a una de sus crisis funcionales, la que, ¿ cómo no?, tiene que ver con la economía. Pero, en vez de que se reforzasen la colectiva solidaridad, resistencia y rebeldía en su contra, se van endurecidos fenómenos como antagonismo, liberalización y conservadurismo. Aunque más y más se hace perceptible el hecho de que ya no es factible el acceso a todo lo que con tanta generosidad prometía el sistema, el imaginario de la economía desde años ya se había enraizado en las consciencias, en las relaciones, en las conductas que reinan en la vida social. El capitalismo respira todavía por los pulmones de la sociedad, mientras que la cultura del darwinismo social se había asentado tan bien que se convirtió en una ideología que fluye por debajo del superficie. No obstante, el sistema se está modificando. La flexibilidad con que asimila y incorpora los cambios que él mismo promueve, es la apuesta por su perpetuidad. La crisis económica, siendo consecuencia del sistema mismo, llega como el pago adicional al fin del año, pero no ese destinado para la escoria que administra a nuestras vidas, sino para los que po tanto tiempo se van alimentando de las ilusiones que les daban de comer, para los que mantenían su vida en un imaginario life-style, de manera consciente absteniéndose y ignorando cada tipo de la ruptura con la dominación. Ahora, cuando el velo de la llamativa economía libre se está cayendo, su única recompensa por los años de subyugación y esclavitud voluntaria, es ser tirados al basurero de la historia. ¿ Es que nadie se va a indignar? El capitalismo luce de nuevo su mascara de hierro. Lo imaginario se va decolorando y las ilusiones se convierten en imágenes la pesadilla del futuro. Pero hasta ahora, cuando la dictadura económica muestra sus más afilados dientes, lo que se pide sigue siendo “la protesta del bolsillo”. Toda una generación por las calles insiste en protestar por sus sueldos, pensiones y subvenciones, cuando lo más precioso que nos han robado es nuestra libertad y dignidad. Y hasta si las concesiones que ahora quedan derogadas en su tiempo fueron conquistdas tras unos conflictos sociales salvajes (en cuales tomaron parte también los más radicales elementos), al final acabaran siendo simplemente unos convenios en los cuales nos vamos ahogando y que aseguraban la paz y equilibrio social.

Por tanto, si la historia nos puede enseñar algo es que dejemos detrás la mendicidad por las moneditas que tal vez nos echaran los jefes y tomamos la posición de combate para romper nuestras cadenas y vengarnos contra cada cerdo autoritario. Dejemos de una vez por todas de negociar sobre los términos de nuestra propia esclavitud y en vez de eso montemos un pelotón de ejecución que apuntará a todos estos que decidieron dominarnos.

Que nos aprovechemos de la crisis como un factor variable y desestabilizador del sistema para contribuir a su de-regularización. Tales variables pueden ser un terreno fértil para la acción de fuerzas revolucionarias que tienen como objetivo propagar la disidencia y el odio por lo existente, y difundir el terror en los poderosos y sus súbditos. La revolución es violenta, dura y empapada de sangre. Es el fuego y el hacha. Es el dolor, dolor para los amigos y hermanos, pero también dolor para los enemigos. Es la venganza por la vida que nos han impuesto. Es la guerra en que muchos se van a perder y otros tantos tomarán su plazo.

Creo que es nuestra obligación, nuestro deber como revolucionarios, de traer de nuevo el terrorismo revolucionario. Difundir y esparcir el miedo y terror en las filas del enemigo, golpeando a sus estructuras y exterminando a cada escoria que tiene un puesto o rango crucial en el sistema. Devolverles un poco del terror que nos evocan día a día con sus cárceles y juzgados, con sus medios de comunicación de masas y el espectáculo que ofrecen, con sus cuerpos de seguridad y su sociedad del control y vigilancia. Un continuo y sombrío terror, inminente como la espada de Damocles colgada sobre las cabezas de esos terroristas profesionales del Poder y capitalismo.

Tenemos el deber de convertirnos en agentes de éste terror, agentes que funcionarán de manera conspirativa, y nuestras herramientas serán todo tipo de armas, desde la dinamita hasta las balas que se van a clavar en las cabezas de nuestros enemigos. Vamos a actuar como labradores de la destrucción y prepararemos la ruina final del mundo podrido en que vivimos. Y si resulta que no logramos vivir ésta destrucción y verla con nuestros propios ojos, nos iremos sabiendo que hicimos lo que pudimos y nunca agachamos nuestras cabezas.

Vosotros, jueces y fiscales sois de la clase privilegiada, en lo que se refiere también a la porción del terror que vais a recibir. Porque tantos años en esa posición dominante del sistema, han estado infligiendo vuestro terror, envuelto en las paginas de los sumarios de acusación que condenan, ¿y quién sabe cuántas mas?, encerrando personas en esos basureros de almas que llamáis cárceles. Vosotros, que con tanta comodidad hablan sobre sentencias y condenas que arrasan a la gente, imperturbables y tranquilos como si se trataría de una ocupación natural de la vida cotidiana, tenemos sus nombres escritos en un punto notable de las listas de nuestros enemigos. Tarde o temprano nosotros también escribiremos sumarios judiciales y seran escritos con vuestra sangre. Nosotros por lo menos tendremos la clemencia y no los haremos sentir el horror al que condenan a tantas personas. Uno a uno,vamos a acabar con cada uno de vosotros. Vosotros, gusanos asquerosos, criados de la clase más abominable que nació el Poder para legitimizar sus crímenes y librarse de los molestos, prepárense de vivir toda vuestra vida en precaución. Prepárense para conocer la mano larga de la justicia revolucionaria.

En lo que se refiere a mi, de vuestra parte no temo nada. Sabía y sé las consecuencias de mis decisiones y del camino que elegí seguir. En este camino no estoy solo. Decenas personas ya rechazan vuestra civilización y vuestro sistema, están elaborando sus planes conspirativos para luego atacar, tal como lo hicieron otros mucho antes que yo. No me preocupa para nada en que vais a basar vuestras acusaciones, ni la sentencia que me vais a infligir. A los revolucionarios no les importan ni les preocupan tales cosas. En cuanto a cuáles acciones de la CCF había participado y en cuáles no, nunca lo van a saber.

Compañeros, ante nosotros mismos tenemos la obligación de cultivar el terreno y crear las pre-condiciones que nos llevaran a la situación aquella en que no vamos a poder volver atrás pero tampoco desviarnos del camino.

“ Y que la palabra ¨venganza¨ se escribe entonces por todos lados, porque sea venganza que tomaremos por nuestros hermanos, por cautiverios y torturas que han sufrido, venganza por todos los asesinados que cometió el Poder.

Y que la llama que arde en nuestro interior quemara a todo que está en nuestro alrededor.

No nos quedaremos tranquilos hasta que nuestras hojas se saciarán y embotarán de la sangre de nuestros enemigos y las plazas se llenarán con montones de sus cabezas.”

NI UN PASO ATRÁS

GUERRA HASTA EL FIN

REVOLUCIÓN PRIMERA Y SIEMPRE

VIVA LA FEDERACIÓN ANARQUISTA INFORMAL

VIVA EL FRENTE REVOLUCIONARIO INTERNACIONAL

VIVA LA O.R. CONSPIRACIÓN DE CÉLULAS DEL FUEGO

Saludos más calurosos a todos los que, sea donde sea, en cada rincón del mundo, hacen de la causa revolucionaria su más importante prioridad, sea dentro o fuera de la cárcel. Desde detrás de las rejas alzo mi puño como un compromiso por la lucha.

Panagiotis Argyrou,
Orgulloso miembro de la Organización Revolucionaria Conspiración de Células del Fuego.

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